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domingo, 21 de abril de 2024

CÓMO CAMBIA EL CUENTO

Partiendo del proyecto REBEX, elegimos varios cuentos clásicos y los modificamos.

- "La ratita presumida" (Charles Perrault) pasó a ser:


 "La ratita resabiada" (Ana Belén Pérez Serrano)
 
Érase una vez una ratita que iba todas las mañanas caminando a su trabajo, era enfermera y le gustaba ponerse un bonito lazo en el pelo para recogérselo y que no le molestara durante la mañana.
 
Un día de camino al trabajo se encontró una moneda. La ratita se puso muy contenta y empezó a pensar en qué se iba a gastar el dinero. Después de mucho pensar decidió comprarse un libro que deseaba hacía mucho tiempo. Al salir del trabajo se dirigió hacia la librería y se lo compró.
 
De camino a casa iba cantando muy contenta con su nuevo libro en la mano, cuando se encontró con un toro, que le dijo:
- Ratita, ratita, ¡qué guapa estás!, ¿quieres casarte conmigo? 
La ratita le preguntó:
- Y por las noches, ¿qué harás?
- ¡Muuuuuuuuu! 
- ¡Ay no, no, qué horror!
El toro se fue muy enfadado.

Más adelante se encontró con un perro, que dijo:
- Ratita, ratita, ¡qué guapa estás!, ¿quieres casarte conmigo? 
La ratita le preguntó:
- Y por las noches, ¿qué harás?
- ¡Guau, guauuuu!
- ¡Ay no, no, qué horror!
El perro se marchó muy triste y cabizbajo.
 
Al día siguiente cuando iba a trabajar, se encontró con un gato que le dijo:
- Ratita, ratita, ¡qué guapa estás!, ¿quieres casarte conmigo? 
La ratita le preguntó:
- Y por las noches, ¿qué harás?
- ¡Miauuuuuuuuuu! 
- ¡Ay no, no, qué horror!
El gato se fue pensativo saltando de tejado en tejado.
 
Más adelante se encontró a un ratón que le dijo: 
- Ratita, ratita, ¡qué guapa estás!, ¿quieres casarte conmigo? 
La ratita le preguntó:
- Y por las noches, ¿qué harás?
-Dormir y callar, dormir y callar...
- ¡Ay qué bien!, pero contigo no me voy a casar, ¡mi libro nuevo me voy a estudiar!
 
Y colorín colorado este cuento se ha acabado. 

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- "El sastrecillo valiente" (hermanos Grimm) pasó a ser:
 

"La sastrecilla valiente"

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- "Los tres cerditos" (Joseph Jacobs) pasó a ser:
 
 
 
"Las tres cerditas" (Laura Sageras Lorenzo)

Había una vez tres cerditas que vivían tranquilas y felices en su campo. Pasaban las horas paseando y viendo vídeos en Tik Tok. Seguían a un lobo muy famoso que subía vídeos bailando bachatas. Ese lobo daba clases en la choza del burro en la granja donde vivían. A las tres hermanas no les caía especialmente bien. Pensaban que era un poco chulito y que tampoco bailaba bachata tan bien.

Una tarde fue la vaca Luisa a visitarlas y les dijo que iba a apuntarse a las clases del lobo. Ellas pensaron que Luisa nunca había tenido buena pata para el baile pero era su amiga y decidieron apoyarla. Así que fueron las cuatro dirección a la choza del burro para asistir a la clase del lobo más famoso de Tik Tok.

El sitio era algo frío y oscuro, las tres coincidieron en que necesitaba, sin duda, una mano de pintura y algo de brilli brilli. Allí estaban la gallina Turuleta, el pollito Pío y hasta la vaca Lola. La clase ya había empezado, todos intentaban seguir al lobo pero éste no hacía más que pavonearse y moverse con un ritmo imposible de seguir. La primera que lo intentó fue la gallina pero no había forma de que sus dos patitas tan flacas bailaran a ese ritmo. Les siguieron las tres hermanas y más tarde la gran vaca Lola que, aunque tenía cabeza y cola, no era buena bailarina y el lobo bailó y bailó y a todas cansó. Orgulloso de su hazaña no hacía más que repetir:


- ¡Esas chicas no saben bailar!

- Solo saben limpiar, barrer y cocinar para sus padres o maridos.

- Nunca tendréis seguidores en Tik Tok, gruño el lobo y se reía con su amigo el perro pastor.

Las tres hermanas cerditas que le escuchaban, no podían creer lo que oían.

- ¿Barrer y fregar dice?

- ¿Qué no sabemos bailar dice?

- Este chucho no sabe muy bien dónde ni con quién se ha metido, dijo la hermana mayor muy enfadada.

 
Las tres hermanas y su amiga la vaca Luisa se fueron de allí pensando que no iban a volver, que ese lobo de Tik Tok necesitaba un merecido escarmiento. Iban a enseñarle que las chicas saben hacer muchas más cosas que limpiar o cocinar.

Enseguida se acordaron de su amiga la pava real Violeta, que vivía en un parque cercano. Siempre había bailado genial y ahora necesitaban su talento para la danza.

Nada más cruzar la puerta del parque estaba Violeta majestuosa y brillante bailando para los "followers" de Tik Tok porque iba a presentarse al concurso nacional de baile de animales de granja. Entonces a la vaca Luisa se le ocurrió que por qué no podían ellas participar también. Todo el fin de semana lo pasaron en el establo a las órdenes de su amiga Violeta ensayando para el concurso. El caballo Pepe no daba crédito a lo que veían sus ojos. Habían mejorado tanto que no se lo podía creer.

 
Unos ojos enemigos vigilaban los entrenamientos de las cerditas y su amiga la vaca Luisa. En cuanto tuvo la oportunidad el perro pastor corrió donde su amigo el lobo de Tik Tok para ponerle al día de las amigas y sus planes de ganar el concurso.

- ¡Eso no puede ser!, dijo el lobo envidioso, - no importa porque bailan peor que un pato mareao, se rió el lobo.

- Yo no estaría tan seguro, añadió el perro pastor. - Compruébalo tú mismo.

En ese momento le enseñó los vídeos que habían subido las amigas a Tik Tok. La sorpresa fue mayúscula cuando comprobó que solo le faltaban diez seguidores y dos likes para superarle.

Los gritos se oían hasta en la plaza del pueblo. El lobo estaba furioso porque unas simples cerditas le habían superado con su trabajo y constancia y le habían demostrado que las chicas pueden hacer más cosas que fregar, barrer o cocinar.

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LEEMOS A LOS PEQUEÑOS

Partiendo de nuestro proyecto REBEX, se ha llevado a cabo una actividad a lo largo de todo el curso escolar consistente en que alumnado de distintos cursos de primaria leía a otro alumnado de menor edad.


 

 

Estos son los libros que se han leído:


 


domingo, 7 de marzo de 2021

CUENTO POPULAR RUSO: "EL PÁJARO DE FUEGO"

Igor Fiodórovich Stravinsky 

                             Destacado músico del siglo XX.
 
  • Nació en Rusia en el año 1882 y murió en Nueva York en 1971
  • Le encantaba la literatura, la historia y el arte.
  • Además de compositor, fue pianista, director de orquesta y escritor.
  • Abordó muchos estilos de música y destacó en diversos géneros: ballet, sinfonía, ópera y música de cámara.
  • Reiventó el ballet en su forma, incorporando diversas culturas e idiomas.
  • El primer ballet que compuso fue "El pájaro de fuego" que está basado en un cuento popular ruso.   
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 A continuación puedes ver los trabajos realizados 
por los alumnos de nuestro colegio sobre 
este bonito cuento en clase de música. 
 

 
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"EL PÁJARO DE FUEGO"









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  (Ilustrado por Ivan Bilibin)

En cierto reino vivía el zar Berendéi con sus tres hijos: los zaréviches Piotr, Vasili e Iván. Poseía el zar un hermoso jardín con un manzano que daba frutos de oro. El zar cuidaba mucho de este manzano: contaba las manzanas todas las noches y volvía a contarlas todas las mañanas. Y una vez advirtió que durante la noche, alguien había entrado en el jardín, pues faltaba una manzana. Lo mismo comenzó a suceder noche tras noche. El zar puso guardias en el jardín, pero nadie podía descubrir al ladrón.

Triste, el zar dejó de comer y de beber, perdió la tranquilidad y el sueño. Sus hijos le decían para consolarle:
—No te apenes, querido padre, nosotros mismos guardaremos el jardín.
Piotr, el hijo mayor dijo:
—Hoy me toca a mí vigilar el jardín.


Al anochecer fue a cumplir su cometido, pero por más vueltas que dio arriba y abajo, no descubrió a nadie. Entonces se tumbó en la hierba y se quedó dormido. Cuando despertó faltaban varias manzanas de oro.


Temprano en la mañana el zar llamó al zarévich Piotr                                                                         —¿Me traes buenas noticias? ¿Has descubierto al ladrón?
—No, querido padre; en toda la noche no he dormido, no he pegado un ojo, pero no he visto a nadie.
A la noche siguiente fue el zarévich Vasili a guardar el jardín y también se durmió. Por la mañana faltaban más manzanas de oro.
—Hijo mío —le preguntó el zar— ¿has visto al ladrón?
—No, padre. He estado al acecho, no he cerrado los ojos, pero no he visto a nadie.


Le tocó al hermano menor, el zarévich Iván, hacer la guardia en el jardín. Por miedo a quedarse dormido, no se atrevía ni a sentarse. Si sentía sueño se lavaba con el rocío que bañaba la hierba y reanudaba la vigilancia.


A eso de la medianoche, un gran resplandor iluminó el jardín como en pleno día. El zarévich vio que un pájaro de fuego estaba posado en una rama del manzano y picoteaba las manzanas de oro.

Iván se acercó sigiloso al manzano y asió de la cola al ave. Pero el pájaro de fuego se debatió con tanta fuerza que logró escapar, dejando en la mano del zarévich una pluma de su cola.


A la mañana siguiente, el zarévich Iván se presentó ante su padre. El zar le preguntó:
—Di, querido Iván, ¿has visto al ladrón?
—No lo he atrapado, querido padre, pero sé ya quién comete fechorías en vuestro jardín. Aquí tienes un recuerdo del ladrón. Es el pájaro de fuego.

Tomó el zar la pluma y recobró el apetito y el buen humor. Pero he aquí que una mañana se levantó con el pensamiento puesto en el pájaro de fuego. Llamó a sus hijos y les dijo:
—Queridos hijos ¿por qué no vais a recorrer el mundo hasta encontrar al pájaro de fuego? Si no lo hacéis así, cualquier día volverá por aquí a robarme mis manzanas.

Los hijos se inclinaron ante su padre, ensillaron briosos corceles y se pusieron en camino, cada uno en una dirección.

El zarévich Iván cabalgó mucho tiempo y llegó a una encrucijada. Allí, en un mojón de piedra, estaba escrito:
“Aquel que siga por el camino de en medio, sufrirá frío y hambre; el
que coja el de la derecha, saldrá sano y salvo, pero perderá su caballo; y el
que vaya por el de la izquierda, será asesinado, pero su caballo vivirá.”


Tras reflexionar un instante, el zarévich Iván tomó por el camino de la derecha. Cabalgó durante tres días y llegó a un bosque grande y sombrío. De pronto, un lobo gris le salió al encuentro. Sin dar tiempo a que el zarévich desenvainara la espada, el lobo degolló a su caballo y despareció en la espesura.

Quedó Iván muy entristecido. ¿A dónde podía ir sin el caballo?
—En fin —se dijo— iré a pie.

Caminó el zarévich Iván hasta que se sintió invadido de un cansancio mortal. Apenas se había dejado caer agotado sobre un tronco, cuando un gran lobo gris surgió del bosque:
—¿Por qué, zarevich Iván, te veo tan triste, tan abatido? —preguntó el lobo.
—¿Cómo no voy a estarlo, lobo gris? Me he quedado sin mi buen caballo.
—Tú fuiste quien escogió este camino. Sin embargo me da pena verte
tan cabizbajo. Dime ¿qué te lleva tan lejos? ¿A dónde vas?
—Mi padre, el zar Berendéi, me ha enviado a recorrer el mundo en busca del pájaro de fuego.
—En tu buen caballo no hubieras encontrado el pájaro de fuego en tres años. Sólo yo sé dónde anida y sólo yo puedo ayudarte a atraparlo. En fin, ya que me he comido tu caballo, te serviré fielmente. Monta en mi lomo y sujétate con fuerza.

El zarévich Iván obedeció y el lobo salió disparado, cruzando como una exhalación los bosques y los lagos. Por fin llegaron a una fortaleza de altas murallas. El lobo se detuvo y dijo:
—Escúchame Iván Zarévich, y recuerda bien lo que te digo. Salta la muralla, y no tengas miedo, que toda la guardia está durmiendo. En un palacete verás una ventana en la que hay una jaula de oro con el pájaro de fuego. Toma el pájaro y guárdalo en el seno, pero ten buen cuidado de no
tocar la jaula o te sucederá una gran desgracia.

Saltó el zarévich Iván la muralla y vio el palacete en cuya ventana descansaba la jaula de oro con el pájaro de fuego. Tomó el ave y la ocultó en el seno, pero quedó encandilado mirando la jaula. En su corazón se encendió la codicia. “¿Acaso puedo dejar aquí una jaula tan preciosa?”, se dijo. Olvidó el zarévich lo que le había advertido el lobo y tendió la mano hacia la jaula. Pero en cuanto sus dedos la rozaron, sonaron en toda la fortaleza clarines y tambores. La guardia se despertó, apresó al zarévich Iván y lo llevó ante el zar Afrón.
 
El zar Afrón montó en cólera y preguntó al zarévich Iván:
—¿Quién eres? ¿De dónde has venido? ¿De qué padre eres hijo?
—Me llamo Iván Zarévich, hijo del zar Berendéi. Tu pájaro de fuego acostumbra robar las manzanas de oro del jardín de mi padre. Entonces él me envió a buscarlo y atraparlo.
—¡Qué vergüenza! ¡El hijo de un zar metido a ladrón! Si hubieras venido honradamente y me lo hubieras pedido, te lo habría dado, movido por el aprecio que tengo a tu padre. Aunque, mira, si me prestas un servicio, te perdonaré e incluso te daré el pájaro de fuego. Pero tendrás que cruzar los veintinueve países, hasta llegar al trigésimo, donde reina el zar Kusmán, y traerme su caballo de crines de oro.

 Muy triste regresó el zarévich Iván a dónde le estaba esperando el lobo gris. El lobo le reprochó:  —¡No te dije que no tocaras la jaula! ¿Por qué no me hiciste caso?
—Perdóname, por favor! ¡Perdóname lobo gris!                                                                          —¡Monta! ¡Enganchado al carro, no te quejes de la carga! 

De nuevo corrió el lobo más veloz que el viento llevando encima al zarévich Iván. En poquísimo tiempo llegaron a la fortaleza del zar Kusmán.
El lobo se detuvo y dijo:
—Salta el muro, zarévich Iván. La guardia está durmiendo. Ve a la cuadra y saca de allí el caballo, pero ten buen cuidado de no tocar la brida, o volverá a sucederte una gran desgracia. 


Saltó el zarévich Iván el muro, aprovechando que la guardia estaba durmiendo, se introdujo en la cuadra y atrapó el caballo de crines de oro; iba ya a partir cuando vio la brida de oro que colgaba de la pared y se dijo: “¿Cómo voy a llevarme el caballo sin la brida?¡Y es tan hermosa!” Pero en cuanto tocó
el zarévich la brida, al instante sonaron en la fortaleza clarines y tambores. La guardia se despertó, apresó al zarévich y lo llevó ante el zar Kusmán.
—¿Quién eres? ¿De dónde has venido? ¿De qué padre eres hijo?


Soy el zarévich Iván, hijo del zar Berendéi.
¿Y no se te ha ocurrido nada mejor que robar un caballo? ¡Pero si eso no lo haría un simple mujik! (1) ¡Si hubieras venido a mi encuentro honradamente, yo, por respeto a tu padre, te hubiera regalado mi caballo! En fin, zarévich Iván, te perdonaré si me prestas un servicio. El zar Dalmat tiene una hija que se llama Elena la Hermosa. Ráptala, tráela aquí y te daré el caballo de crines de oro con su brida.

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(1) El término mujik era empleado para referirse a los campesinos rusos, generalmente antes del año 1917. Antes de que en 1861 se realizaran reformas agrícolas en Rusia, los mujiks eran siervos. Después de dichas reformas, a los siervos se les otorgaron parcelas para trabajar la tierra, y se convirtieron en campesinos libres. Estos campesinos fueron conocidos como mujiks hasta 1917, cuando se produce la revolución soviética. El mujik es generalmente descrito en la literatura rusa como un ser pobre e ignorante. En ocasiones se lo presenta como un alguien perverso y corrupto.

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Más triste todavía que antes regresó el zarévich Iván a donde le estaba esperando el lobo.
—¿No te dije, zarévich Iván —le reprochó el lobo—, que no tocaras la brida? ¿Por qué no me has hecho caso? ¡Yo me desvivo por servirte y tú lo echas todo a perder!                                        —¡Perdóname, te lo suplico! ¡Perdóname, lobo gris!
—En fin, monta sobre mi lomo.


Y el lobo gris partió veloz como el viento. En poco tiempo llegaron al reino del zar Dalmat. En el jardín de la fortaleza paseaba Elena la Hermosa, acompañada de sus ayas y criadas. El lobo gris dijo:
—Esta vez, zarévich, iré yo mismo a buscar a la princesa. Tú emprende el regreso, que pronto te daré alcance.


Emprendió el zarévich Iván el regreso y el lobo gris saltó el muro y se introdujo en el jardín. Se agazapó al pie de un arbusto y vio que Elena la Hermosa salía al jardín con sus fieles servidoras. Elena estuvo un buen rato paseando y, en cuanto quedó un poco a la zaga de sus ayas y criadas, el lobo la asió de sus ropas, se la echó al lomo y huyó con ella.


Iba el zarévich Iván por el camino y de pronto vio que el lobo, llevando a Elena la Hermosa, le daba alcance. El zarevich Iván se puso muy contento.
—¡Monta sin perdida de tiempo! —gritó el lobo—. ¡Van a perseguirnos!


El lobo corría veloz, cruzando como una exhalación bosques, ríos y lagos. Por fin, llegó con Elena la Hermosa y el zarévich Iván al reino del zar Kusmán. Preguntó el lobo:
—¿Por qué te veo tan triste y abatido, zarévich Iván?
—¿Cómo quieres que no esté triste, lobo gris? ¡Amo a Elena la Hermosa con todo mi corazón! ¿Acaso puedo cambiarla por un caballo?


El lobo gris le respondió:
—No te separaré de tu amada. Voy a transformarme en Elena la Hermosa y tú me entregarás al zar Kusman. Mientras, la princesa te aguardará en este bosque y, cuando tengas el caballo de crines de oro, vendrás a buscarla. Partid enseguida los dos, que yo me reuniré con vosotros un poco más tarde.


Escondieron a Elena en una cabaña que había en medio del bosque. El lobo dio una voltereta y quedó convertido en Elena la Hermosa. El zarévich Iván lo llevó ante el zar Kusmán. El zar se alegró mucho y dio las gracias al zarévich diciéndole:                                                                                                    —Te agradezco mucho, Iván Zarévich, que me hayas traído la novia. Toma el caballo de crines de oro con su brida.


Montó el zarévich Iván a lomo del caballo y fue en busca de Elena la Hermosa. La sentó a la grupa del corcel y se dirigió al reino del zar Afrón.


Mientras, el zar Kusmán se casaba. El festín se prolongó hasta altas horas de la noche. Cuando se hizo la hora de dormir el zar llevó a Elena la Hermosa a su habitación, pero en cuanto se acostó a su lado vio que el lugar de su joven esposa estaba ocupado por un lobo. El zar, espantado, se cayó de la cama, y el lobo huyó.


Dio el lobo gris alcance al zarévich Iván y le dijo:
—¡Súbete a mi lomo! ¡Déjale el caballo a la princesa!


 Cuando llegaron al reino del zar Afrón, el lobo preguntó:
—¿Por qué te veo tan pensativo, zarévich Iván?
—¿Cómo quieres que no lo esté? Me da pena separarme de un tesoro como el caballo de crines de oro, me da pena cambiarlo por el pájaro de fuego.
—No te apenes, yo te ayudaré.


Llegaron al reino del zar Afrón, y el lobo dijo:
—Oculta a Elena la Hermosa y al caballo, yo me convertiré en el corcel de crines de oro y tú me llevarás ante el zar Afrón.


Ocultaron a Elena la Hermosa y al caballo en el bosque. El lobo gris dio una voltereta y se convirtió en el caballo de crines de oro. El zarévich lo llevó ante el zar Afrón. Al verlos, el zar se alegró muchísimo, salió a recibir los y los condujo al palacio. Entregó a Iván el pájaro de fuego en su jaula de oro.


El zarévich Iván regresó al bosque, montó a Elena la Hermosa en el caballo de crines de oro, tomó la preciosa jaula con el pájaro de fuego y se dirigió al reino de su padre.


Entretanto, el zar Afrón quiso probar el caballo y organizó una cacería. En el bosque los cazadores se lanzaron tras las huellas de un zorro. El caballo de crines de oro galopaba veloz y dejó atrás a todos los demás. El caballo se encabritó, el zar saltó de la silla y cayó de cabeza en un cenagal. En lugarde un caballo con las crines de oro, fue un lobo gris el que se dio a la fuga. Cuando levantaron al zar y lo limpiaron, el lobo había desaparecido.

 
Fue el lobo gris a reunirse con el zarévich Iván y le hizo montar en su lomo. Al llegar al lugar donde se habían encontrado por primera vez, el lobo gris dijo:                                                                         —¡Aquí degollé a tu caballo, Iván Zarévich, despidámonos, yo no puedo ir más allá!
El zarévich Iván echó pie a tierra, hizo tres profundas reverencias al lobo gris y le dio las gracias con mucho respeto.
El lobo gris le dijo:
—No te despidas de mí para siempre, zarévich, que todavía he de serte útil.


“¿Cómo vas a serme útil, si ya se han cumplido todos mis deseos?”, pensó el zarévich Iván. Luego, montó a lomos del caballo de crines de oro y prosiguió su camino con Elena la Hermosa y el pájaro de fuego.
 

Poco antes de llegar a los dominios del zar Berendéi al zarévich se le ocurrió descansar un rato. Llevaban consigo un poco de pan, lo comieron, bebieron agua de un manantial, se echaron sobre la hierba y enseguida se durmieron.


En cuanto el zarévich Iván se quedó dormido, llegaron al paraje aquel sus hermanos mayores. Los zaréviches Piotr y Vasili regresaban al palacio de su padre con las manos vacías. Al ver que su hermano  menor, Iván, lo había conseguido todo, enloquecieron de envidia.

—Matemos a Iván y todo será nuestro —dijeron.


Y he aquí que desenvainaron sus espadas y cortaron la cabeza al zarévich Iván. Elena la Hermosa se despertó. La princesa se asustó mucho al ver muerto al zarévich Iván y rompió a llorar amargamente.
 

Piotr Zarévich apoyó la punta de su espada sobre el corazón de Elena la Hermosa y le dijo:
—¡No se te ocurra decir una palabra! Ahora te conduciremos a presencia del zar, nuestro padre, y le dirás que hemos sido nosotros quienes te hemos conquistado. A ti, al caballo de crines de oro y al pájaro de fuego. Si no prometes hacerlo así, te mato ahora mismo.

Elena la Hermosa tuvo miedo de morir y juró todo lo que le pidieron.


Los hermanos echaron entonces a suertes para decidir quién se quedaría con la hermosa princesa y quién se quedaría con el caballo de las crines de oro. El resultado fue que la princesa sería para Piotr Zarévich y el caballo de las crines de oro para Vasili Zarévich. Y, llevando consigo el pájaro de fuego,
se pusieron en camino rumbo al palacio de su padre, el zar Berendéi.
 

El zarévich Iván yacía muerto en el valle y los cuervos revoloteaban sobre su cuerpo. Entonces salió del bosque el lobo gris y apresó a un cuervo y a su corvato.        


—Vuela, cuervo, en busca de agua de la vida y agua de la muerte. Si las traes, soltaré a tu corvato.

Viendo que no tenía otra salida, el cuervo levantó el vuelo y el lobo quedó sujetando al corvato. No se sabe si fue mucho o poco el tiempo que estuvo volando el cuervo. Lo que sí se sabe es que trajo el agua de la vida y el agua de la muerte. El lobo cogió al pequeño cuervo y lo partió en dos. Después unió las dos mitades y las roció con el agua de la muerte, y las dos mitades se unieron. El lobo las roció con el agua de la vida, y el pájaro graznó y alzó el vuelo.
 

El lobo gris colocó la cabeza de Iván Zarévich sobre su cuello y la roció con el agua de la muerte. El cuerpo se soldó de inmediato. Lo roció con agua de la vida, e Iván Zarévich bostezó, se despertó y dijo:
—¡Cuan profundamente dormía!
—Tan profundamente —le dijo el lobo gris— que de no ser por mí no te hubieras despertado nunca. Tus hermanos te mataron y se llevaron a Elena la Hermosa, al caballo de crines de oro y al pájaro de fuego. Monta en mí sin pérdida de tiempo.
 

El zarévich Iván montó a lomos del lobo gris, y se dirigieron a toda velocidad hacia el reino del zar Berendéi hasta llegar a la ciudad principal.
 

El zarévich Iván se apeó del lobo gris, despidiéndose de él para siempre. Cuando llegó al palacio, se encontró con que su hermano mayor, Piotr Zarévich, se había casado con Elena la Hermosa y, después de la ceremonia, presidía el banquete de esponsales.
 

Iván Zarévich entró en la sala, Elena la Hermosa corrió a él en cuanto lo vio y dijo:
—Mi prometido es éste, el zarévich Iván, y no ese malvado que está sentado a la mesa.


Al descubrir la verdad, el zar Berendéi montó en terrible cólera e hizo encerrar a los zaréviches Piotr y Vasili en una mazmorra.


El zarévich Iván se casó con Elena la Hermosa y vivieron muchos años felices, tan unidos que no podían pasar ni un minuto el uno sin el otro.

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(Publicado y distribuido en forma gratuita por Imaginaria: www.imaginaria.com.ar)

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Aquí puedes ver y escuchar el ballet: