sábado, 10 de diciembre de 2016

"DÍA DE LAS BIBLIOTECAS" (24 de octubre)

Las bibliotecas son espacios abiertos y vivos.

Son lugares de consulta, lectura y estudio.

Facilitan la comunicación y la interrelación social, favoreciendo la formación, la convivencia, el encuentro y el intercambio cultural y social, ofreciendo actividades diversas.

Los libros son importantes para la memoria colectiva.

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El día 24 de octubre se celebró el "Día de la biblioteca" que desde 1997 fue impulsado por la Asociación Española de Amigos del Libro Infantil y Juvenil, con la colaboración del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte.


Con la celebración de este día se pretende
- Concienciar a la sociedad de la importancia de la lectura, especialmente entre niños y jóvenes.

- Agradecer y potenciar la labor de los profesionales de las bibliotecas difundiendo la existencia de un servicio público cercano que contribuye a facilitar una vía de acceso al conocimiento a todos.

- Destacar el papel de la biblioteca como un espacio público del conocimiento, libre y gratuito, que además contribuye a reducir las desigualdades sociales.

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Cada año un escritor y un ilustrador de reconocido prestigio se encargan de la redacción del "pregón" y del cartel que se difunde por todas las bibliotecas de España, asociados e interesados. 


2016


Cartel: Elena Odriozola


 Pregón: Leticia Costas


"Una luciérnaga es una isla perdida en la noche más densa. Cien luciérnagas, una constelación misteriosa que marca el rumbo hacia otros universos. Así, con esa estrategia de luz, se organizan los libros que moran en las bibliotecas. Son caricias fosforescentes que incendian los sueños y recomponen los corazones grises hasta hacerlos recobrar su color rojo brillante. Cualquier individuo que padezca el síndrome del corazón gris, debería ponerse en manos de un experto y visitar una biblioteca.
Para escribir un libro, además de hacer malabarismos con las palabras hay que ser una desvergonzada o un loco. Un atrevido, una excéntrica descontrolada. Llevar un calcetín de lunares, otro de rayas y los pelos de punta. Una cresta como las que lucen las cacatúas sería un peinado muy interesante para un escritor. Sólo las mentes más disparatadas son aptas para escribir libros. Pero para custodiarlas no es suficiente con tener un desajuste en los cables cerebrales. Es indispensable ser de fuera. Un extraterrestre. Las bibliotecas albergan seres con antenas giratorias, cerebros millométricos que memorizan títulos rebuscados, rimbombantes, campanudos. Las personas que custodian libros siempre me han parecido criaturas singulares... Los libros fabrican pensamientos...
En las bibliotecas puedes ser quien tú quieras... Puedes ponerte botas de pelo, plumas, zancos y sombreros..."























                                   2015                                    

Cartel: Leticia Ruifernández

                
    Pregón: Diego Arboleda

           

"Con motivo del Día de la Biblioteca, quiero compartir con vosotros un secreto: El Conejo Blanco casi siempre tiene prisa.
Quizá algunos penséis que esto no tiene mucho que ver con las bibliotecas y que, además, como secreto, deja bastante que desear.

Alicia en el País de la Maravillas se publicó hace 150 años, y desde entonces los lectores de todo el mundo han sabido que el conejo llega tarde, demasiado tarde, y por tanto tiene prisa.

Reconoceréis, eso sí, que no es un conejo cualquiera. Que sepamos, este es el único conejo que usa chaleco y reloj de bolsillo, lo cual plantea una incógnita: si tiene reloj, ¿por qué siempre llega tarde? ¿Quién es culpable de su tardanza? ¿El conejo o su reloj? Los expertos no se han puesto de acuerdo sobre este punto, que ha provocado graves discusiones entre veterinarios y relojeros. Y si se alude al chaleco, es aún peor. Sólo hay una cosa más peligrosa que una discusión entre un veterinario y un relojero, y es una discusión entre un veterinario, un relojero y un sastre. Es mencionar el asunto y se desenvainan todo tipo de agujas (hipodérmicas, de coser y de reloj).

Así que volvamos al secreto. El Conejo Blanco casi siempre tiene prisa. Corre porque tiene miedo de que la Duquesa y, sobre todo, la Reina de Corazones ordenen que le corten la cabeza. Pero vosotros, que aún conserváis la vuestra, concentraos en ese casi. Es la clave, el secreto mejor guardado del País de las Maravillas.

Casi siempre. ¿Cuándo no tiene prisa el Conejo Blanco? Sólo cuando visita un pequeño edificio escondido tras los árboles del bosque: la biblioteca.

El conejo se toma su tiempo para curiosear entre las abarrotadas estanterías. Tiene un libro en mente pero, cuando se acerca a cogerlo, no puede evitar fijarse en el tomo que lo precede, y en el de más allá (y, como ya sabéis, en una biblioteca, el libro de más allá es al mismo tiempo el libro de más acá de otro libro que está a su lado...). Demasiadas opciones. Lleva un tiempo elegir un libro. El conejo sabe que se encuentra en el hogar de la lectura, y la lectura es un placer que se disfruta sin prisa.

Aunque nadie haya mencionado antes esta biblioteca secreta, no lo dudéis, hay una en ese extraño mundo que visitó Alicia. No puede ser de otra forma. Pues a pesar de contar con el Sombrerero Loco, el Gato de Cheshire y la Oruga Azul, a pesar de todos los animales fantásticos y las extraordinarias cosas que allí suceden, todo eso no es suficiente para ganarse el nombre que ese mundo tiene. Un lugar nunca podría llamarse País de las Maravillas si entre sus maravillas no se contara una biblioteca."


2014

 Cartel: Carme Solé Vendrell


 Pregón: Antonio Rodríguez Almodóvar


Homenaje a Ana María Matute
" -¡Ana María, despierta!
El príncipe se quedó contemplándola. Era guapa, el pelo negro, los ojos grandes, la boca carnosa. Luego la sacudió suavemente, por un hombro.
Insistió: - Vamos, mujer, que ya es hora.
Ana María, sólo después de un rato, empezó a moverse. Primero movió un dedo, luego una ceja, luego entreabrió un ojo.
- ¿Y tú... quién... eres? - preguntó, no sin gran esfuerzo.
- ¡Soy el Príncipe Azul!
- ¿El qué?
- El príncipe... ¿No recuerdas? Tenemos que amarnos.
- ¿Es obligatorio?
- Claro, lo manda la tradición.
- ¡Pues entonces vete a hacer gárgaras!
Ana María se giró hacia un lado y volvió a dormirse. El príncipe quedó sumamente desconcertado. Se incorporó del filo del lecho y se puso a pasear la estancia. Vio las telarañas del tiempo colgando de los pesados cortinajes, vio a un par de alabarderos durmiendo de pie, la nariz del uno apoyaba en la nariz del otro.
Vio, o mejor dicho, escuchó la estridente sinfonía de ronquidos que le llegaban de todas partes de aquel palacio encantado; ronquidos atronadores de guardianes forzudos, ronquidos silbantes de cocineros exquisitos, ronquidos trascendentes de capellanes gordinflones, ronquidos, ronquidos... Como que tuvo que taparse las orejas para no ser víctima de aquel terremoto sónico... y entonces se dio cuenta: ¡el fuego de la chimenea también dormía!


Se acercó, aproximó una mano a aquellas llamas petrificadas y quedó ensimismado... Luego de un tiempo incontable, levantó la vista y vio sobre la repisa una hilera de libros. Eran libros de cuentos, los únicos objetos de aquel lugar que no habían acumulado polvo ni telarañas. Con un tembleque en el dedo índice de la mano derecha, impropio de todo un príncipe, fue recorriendo los títulos:

Cuentos de antaño, de Charles Perrault, cuentos de los hermanos Grimm, cuentos de H. C.Andersen, cuentos de Ana María Matute...
Al leer este último, el corazón empezó a repicarle. Sacó el libro y lo abrió. Al azar fue leyendo: "Todos nos acostamos con el lobo, pero lo que podemos hacer es confundirlo con la abuelita." "La infancia es más larga que la vida." "El que no ama está muerto." 
Justo al acabar esta frase, cesaron los ronquidos y el fuego de la chimenea cobró repentina vitalidad. El príncipe se apartó.
- Eso, ahora ponte a curiosear n mis cosas - oyó a sus espaldas.
Levantó un poco más la vista y vio, en el espejo de la chimenea, cómo se incorporaba en su magnífico lecho una dama todavía más magnífica. Casi cien años de edad, el pelo totalmente blanco y la sonrisa totalmente pura.
- ¿Se puede saber qué día es hoy?
- ¿Hoy? - El príncipe no tenía ni la menor idea.
- ¡Me acabo de acordar! - exclamó ella -. ¡Es 24 de octubre, día de la Biblioteca! ¡No te quedes ahí pasmao, que los niños nos están esperando!
¡Vamos, Príncipe Azul, mueve el culo! 



             2013

CartelAndrés Rábago 


PregónLaura Gallego


"Érase una vez un viajero que llegó desde un lugar lejano a un pueblo en el que no había libros. Se sentó a descansar en la plaza mayor y sacó de su morral un viejo volumen de cuentos. Cuando empezó a leer en voz alta, los niños, que nunca habían visto nada semejante, se sentaron a su alrededor para escucharlo. 

El visitante relató historias que fascinaron a sus oyentes y les hicieron soñar con fantásticas aventuras en reinos maravillosos. Cuando terminó, cerró el libro para volver a guardarlo en su morral. Nadie se percató de que, al hacerlo, escapaban de entre sus páginas algunas palabras sueltas que cayeron al suelo.

El viajero se marchó por donde había venido; tiempo después, los habitantes del pueblo descubrieron el pequeño brote que elevaba sus temblorosas hojitas hacia el sol, en el lugar en el que habían caído las palabras perdidas.

Todos asistieron asombrados al crecimiento de un árbol como no se había visto otro. Cuando llegó la primavera, el árbol exhibió con orgullo unas hermosas flores de pétalos de papel. Y, con los primeros compases del verano, dio fruto por primera vez. 

Y sus ramas se cuajaron de libros de todas clases. Libros de aventuras, de misterio, de terror, de historias de tiempos pasados, presentes y futuros. Algunos se atrevieron a coger esos frutos, y había un sabio en el lugar que les enseñó a leer para poder disfrutarlos.

A veces, a brisa soplaba y sacudía las ramas del árbol. Las hojas de los libros se agitaban y dejaban caer sus nuevas palabras. Y pronto hubo más brotes por todo el pueblo; y en apenas un par de años, los árboles-libro estaban por todas partes.

Se corrió la voz; muchos investigadores, curiosos y turistas pasaron por allí para conocer el lugar donde los libros crecían en los árboles. Los habitantes del pueblo leían sus páginas con fruición, y cuidaban cada brote con gran mimo. Y así iban recogiendo más y más historias con cada nueva cosecha de libros.

Un día, los más sabios del lugar se reunieron y acordaron compartir su tesoro con el resto del mundo. Eligieron a un grupo de jóvenes y los animaros a escoger un libro del primer árbol que había crecido en el pueblo. Después, los enviaron a recorrer los caminos.

Ellos se repartieron por el mundo, buscando un hogar para su preciada carga, y así, con el tiempo, cada uno dejó su libro en una biblioteca diferente.

Y cuenta la historia que allí siguen todavía. Que hay algunas bibliotecas que guardan entre sus estantes un libro especial que deja caer palabras-semilla. Y que, si aterrizan en el lugar adecuado, cada una de esas palabras crecerá hasta convertirse en un árbol que dará como fruto nuevos libros. 

Nadie sabe en qué bibliotecas se encuentran estos libros maravillosos. Se desconoce también cuáles, de entre todos sus volúmenes, son los que proceden del pueblo donde los libros crecen en los árboles. Podría ser cualquiera, y podría estar escondido en cualquier rincón de cualquier biblioteca del planeta.

Animaos a entrar en ellas y a explorar sus estanterías, viajeros; porque quizá deis por casualidad con un libro cuyas palabras echen raíces en vuestro corazón y hagan crecer un magnífico árbol de historias cuyas semillas puedan llegar a cambiar el mundo.



2012

Cartel: Juan Ramón Alonso




Pregón: José Mª Gutiérrez de la Torre



"¡Venid, venid todos!
Bebés y niños, chicos y chicas, jóvenes y adultos de todos los orígenes, de todas las edades y de toda condición.
¡Venid a la biblioteca!
Entrad en este inmenso y hermoso jardín, multicolor y polifónico, donde crecenlas más hermosas flores de la cultura humana: todo lo que sabemos y todo lo que imaginamos los seres humanos, las crónicas y los sueños, las batallas y los carnavales, las fiestas y los duelos... todo está aquí recogido y bien clasificado en sus estanterías, accesibles para que vosotros disfrutéis del placer de la lectura. Entrad con alegría pero con respeto. Recorred sus amplias avenidas con ricas arboledas, sus acogedores senderos bordeados de exuberantes rosaledas con las más hermosas rosas, deambulad por las pequeñas veredas que os llevarán a escondidos rincones donde crecen plantas raras pero de deliciosas flores. Os encontraréis allí con otras muchas personas amigas que, como vosotros, disfrutan de las bellas palabras, de las sugerentes imágenes, de los evocadores sonidos....
Montad en vuestra casa vuestra propia biblioteca: por muy pequeña y modesta que sea será vuestro jardín y os llenará de olores, de sugerencias, de ideas, de sensaciones, que os harán sentiros llenos de gratitud, cercanos a esas personas, escritores e ilustradores, que contaron bellas historias para vosotros, de creadores que os hablaron de su mundo, de todos los mundos, para que vosotros os atreváis a mirar todos los horizontes y, al hacerlo, también os atreváis a mirar dentro de vosotros mismos para buscar vuestros más íntimos sentimientos, vuestros valores más auténticos.
Venid hoy y venid todos los días que os sea posible a este hermoso jardín siempre florido, siempre acogedor, siempre pleno de sabiduría, de placer, de solidaridad, de respeto, de belleza..."






2011

Cartel: 
Elena Odriozola




Pregón: Patxi Zubizarreta




"La Sirenita y la Pequeña Cerillera son personajes que a la mayoría de nosotros no resultan familiares, pero quizá muchos desconozcan que el padre de Hans Christian Andersen fue un artesano pobre que sólo se sentía feliz los domingos: ése era el único día en el que sacaba tiempo para leerle cuentos y hacerle teatros a su hijo. Y, seguramente, pocos sepan que el escritor fue enterrado con una carta misteriosa escondida en el pecho.


La pequeña Cerillera nos invita a mirar hacia afuera, sobre todo a la gente desamparada; Laura Esquivel, sin embargo, en su novela "Como agua para chocolate" nos aconseja mirar dentro. Afirma que cada persona tiene en su interior una caja de cerillas y que cada uno tiene su propia manera de encenderlas: ua compañía agradable, una buena cena, una caricia, una fantasía, un poema...Pero advierte de que, si las cerillas no se encienden con frecuencia, la caja se humedece, es imposible volver a prenderlas y nutrir de energía el alma.
Julio Villar eligió precisamente una caja de cerillas para despedir a su diminuto amigo. En "¡Eb, Petrel!" (relato de su vuelta al mundo en solitario) el marino cuenta que encontró al grillo en una noche de tormenta, y que éste le hacía mucha compañía; pero, finalmente, otro temporal se lo llevó: el pobrecillo murió ahogado y el viajero lo introdujo en una cajita, la envolvió en papel de plata y la posó en la estela de su velero.
Historias como éstas nos esperan en los libros de nuestras bibliotecas....
En la biblioteca nos sentimos príncipes, presos y poetas entre libros, revistas, periódicos, películas, canciones o propuestas digitales, entre ficciones y realidades que nos alertan y ayudan a mantener encendido nuestro espíritu crítico. Allí podemos elegir la forma de prender nuestras cerillas, sin mirar hacia adentro o hacia afuera, y, quién sabe, puede que al final hasta nos aventuremos a investigar o a imaginar el contenido de la cara del escritor danés..."


2010

Cartel: Federico Delicado



Pregón: José Antonio Ramírez Lozano
(extremeño)



2009

CartelRafael Vivas


Pregón: Carlos Guillermo Domínguez


"Pregón + Cartel = Pregocartel

Sí, esto es un pregocartel, es decir, un cartel hecho pregón o, si lo prefieres, un pregón hecho cartel.

Además, es para ti, sí, sólo para ti. ¿Tu edad? ¿Qué importa la edad que tengas? ¡Vives y sientes, que es lo importante!

Lee esto atentamente: Dos personas, ella y él, o él y ella, como tú prefieras, soñaban, imaginaban, sentían y deseaban, como tú.

No, tampoco importa la edad de ellos. Los años vividos o por vivir no cuentan aquí.

¿Qué cosas deseaban? Tener una "máquina del tiempo" es decir, una máquina, o algo así, que los trasladara a cualquier lugar del mundo, en cualquier época para estar presentes en Maratón y ver correr a Filipides en aquella carrera inmortal, acompañar a Cristóbal Colón en su maravillosa travesía, o a Mahatma Gandhi en su lucha por la libertad; saber cómo Marie Curie descubrió el radio; ir con Marco Polo a Catay, Samarcanda y Ormuz.

Visitar lugares lejanos en épocas remotas: La Babilonia de Hammurabi y su Código, el Egipto de Nefertitis y los faraones, la América de los mayas y los incas, la Grecia de Cicerón, la España de los iberos o las Canarias de los guanartemes y los menceyes.

Viajar también al futuro y saber de leyes más justas que las actuales alcanzadas por la Humanidad: técnicas avanzadas; sistemas sociales que erradican la pobreza; sanidad y cultura al alcance de todos; seres humanos que saben del respeto y la fraternidad entre unos y otros.

Es más, deseaban ser invisibles, para ver, observar, estudiar, aprender y sacar conclusiones sin interferir en otras vidas pasadas, presentes o futuras.

¿Imposible? ¡No! Ellos lo hicieron realidad un día. ¿Cómo? Te lo diré al oído: 

Entraron en una biblioteca.

¿Encontraron allí la máquina maravillosa y la composición química que deseaban?

No, sólo hallaron estrategias repletas de libros. Sí, páginas blancas llenas de letras negras. Terreno de papel sembrado de signos que eran semilla de pensamientos, experiencias, sueños y memorias de hombres y mujeres de todas las épocas de la Humanidad que escribieron para ti lo que sentían, lo que pensaban y lo que veían.

Tomaron uno, luego otro y otro... Comentaron lo que leían, intercambiaron ideas. Imaginaron, disfrutaron y, finalmente, conocieron y aprendieron a la vez que hacían realidad sus sueños escuchando el concierto universal de las letras que suenan en la Biblioteca.

¿Percibes sus compases? ¿Compartes su armonía?

Tú que me escuchas con el sonido mudo de las letras, dime: 

¿Lo oyes también?"


2008

Cartel: Xosé Cobas


Pregón: Agustín Fernández Paz


"Donde hay una biblioteca hay una luz"

"Abre las puertas y entra. Entra en este espacio que aguarda por ti, en este ámbito donde cada palabra es un don que recibimos como regalo. Recorre todos los rincones de esta casa de la libertad, respira este aire que no sabe de fronteras, déjate llevar por la corriente de aromas que anuncia los tesoros de la biblioteca. Estamos en un lugar especial, sería imposible confundirlo. Desde el cielo debe verse como un punto de luz brillando con la intensidad mayor, como un aleph que contiene la memoria y los sueños de la humanidad. Una luz, sí. Una luz que ilumina como un faro entre las tinieblas, con el rítmico latido de un corazón inmenso que expande ondas de libertad y de esperanza por el territorio que la circunda. Quizá podríamos seguir viviendo si nos faltara ese aire que hace vibrar todas las células de nuestro cuerpo, quizá las personas continuaríamos con nuestra existencia rutinaria si no existiese la biblioteca, pero algún lugar decisivo quedaría vacío en nuestro corazón. Nos faltaría la energía que nos hace desear una vida mejor, una ciudadanía más libre, una sociedad más justa. Nos dolería no escuchar la voz de las personas que sufrieron la historia y la de las que sufren ahora mismo; sería insoportable oír sólo las palabras de los que pretenden dirigir y controlar nuestras vidas. Para que eso no suceda, abre las puertas, pues cada vez que lo haces te incorporas al río subterráneo que alimenta a la biblioteca, al torrente de libertad que la hace vivir y le da ánimos renovados."


2007

Cartel: Isidro Ferrer



Pregón: Carlos Grassa Toro



"¡Anuncio, anuncio! ¡Vecinas, vecinos, los seres y los humanos, anuncio, anuncio!

¡Hemos descubierto la forma de transportar el tiempo! ¡Admirados protagonistas, admirables secundarios de esta realidad, somos capaces de transportar el tiempo!

Después de haber aprendido a meter manzanas en un cesto, el agua en un cántaro, el vino en un pellejo, las monedas de oro en un cofre y las cartas de amor en un sobre lacrado, hoy anunciamos en esta población que podemos llevar y traer el tiempo de aquí para allá y de allá para aquí, atravesando desiertos, mares y bosques, sin desparrame, vuelco o pérdida de la sustancia.

¡El tiempo! ¡El tiempo! ¡La señora de las dos piernas! ¡El anciano de las botas! ¡El niño que ha olvidado los pies en casa! ¡La joven de las uñas apasionadas! ¡Todos! ¡Acérquense, acérquense acabamos de recibir un cargamento de tiempo! ¡Tomen, abran, hojeen, detengan la mirada, dispongan la voz! ¡Dos siglos de mitología griega, dos siglos! ¡Veintiséis años de modernismo! ¡Veintiséis, sí, con cisnes! ¡Disponible la segunda mitad de la Edad Media! ¡No tengan prisa, no agotamos existencias! ¡Hay para todos y siempre hay!

¡Tiempo, tiempo, ponemos el tiempo en sus manos! ¡Hemos encontrado la manera de transportar el tiempo! ¡Cambiamos uno de sus días por un año entero! ¡1927, ofrecemos el 1927 de cabo a rabo! ¡Y si queda contento, le invitamos a que se lleve el 98, y los mil ciento catorce años anteriores a 1492! ¡Tenemos tiempo de los cinco continentes, de los seis continentes, de los continentes que ustedes quieran! ¡Hemos descubierto la forma de transportar el tiempo!

¡El joven del bigote pintado! ¡La niña valiente de las trenzas! ¡La señora antigua de la peluca actual! ¡El señor calvo de solemnidad! ¡Acudan, acérquense, acudan!¡A la biblioteca, a la biblioteca! ¡Está abierta! ¡Sin prisa, no corran, no vayan a tropezar!¡Niños y embarazadas primero, sin prisa! ¡Tenemos libros, discos, películas, periódicos, revistas! ¡No corran, sin prisa! ¡Tenemos todo el tiempo del mundo!

¡Todo el tiempo del mundo!"


2006

Cartel: Inés Vilches


Pregón: Eliacer Cansino

"Si te atreves a entrar en la Biblioteca que hay en tu barrio, en tu escuela o en tu ciudad, regresarás distinto, con luces inesperadas en los ojos, con chispas nuevas en tu corazón.

Si ya has entrado, y te detienes un segundo y recorres con la mirada los estantes, tal vez te sobrecoja el silencio y la quietud que preserva a ese mundo, pero no te equivoques, nada lejos de la realidad, porque el silencio es una de las llaves del secreto y la quietud un engaño para disuadir a los que llegan sin confianzando...

... Cuando regreses de la Biblioteca algo será distinto: en tu bolsillo hallarás dos nuevas llaves del mundo: la curiosidad y el conocimiento. Ahora nada puede detenerte. Ánimo, atrévete a entrar. Esa Biblioteca cercana guarda celosamente las respuestas de tus mejores preguntas"


2005

Cartel: Javier Zabala


Pregón: Luis Mateo Díez



2004

Cartel: Forges



Pregón: Mariasun Landa


"Hoy es EL DÍA.
Ven, dame esa manita.
Si quieres, puedes traerte tu osito de peluche, tu unicornio azul, tu nariz de payaso.
Apaga tu móvil.
Busca tu abretesésamo particular, si no, la puerta no se abre.
Tómate una buena ración de silencio.
Ponte o quítate el calzado adecuado.
Ponte o quítate las gafas.
Ponte o quítate el humor.
Sacúdete el polvo de los días aburridos,
y sígueme.
Necesitas descansar de tanto ruido. Interno y externo
Necesitas embarcar, planear, pedalear, escalar, masticar, ligar,
indagar, degustar posibles e imposibles.
Mirar para salir de ti mismo, de ti misma.
Escuchar para adentrarte en ti mismo, en ti misma.
Atreverte, sonreír, embelesarte,
asustarte para tranquilizarte,
perderte para encontrarte,
poner palabras a lo que sientes,
patinar sobre pistas de papel,
surfear
por las estanterías,
husmear en las pantallas de datos,
acariciar lomos, esquinas y cantos de libros y álbumes.
Necesitas que te besen imágenes y palabras.
Necesitas que te acaricien frases,
frases cortadas, entrecortadas, pespunteadas, hilvanadas, 
deshilachadas
o bien rematadas.
Te van a hablar para que hables.
Te van a divertir para que te diviertas.
Te van a consolar para que consueles.
Te van a seducir para que seduzcas.
¿Que a dónde vamos?
¿No lo has adivinado?
A la BIBLIOTECA, ¡claro!
Todos los días son EL DÍA DE LA BIBLIOTECA."



2003

Cartel: Chico interno del hospital
infantil Niño Jesús de Madrid

Pregón: Montserrat del Amo



2002

Cartel: Alicia Cañas




Pregón: Ana María Romero Yebra


"¡Ah, las bibliotecas! Desde la de Alejandría fundada por Tolomeo en el 306 A.C. que guardaba todo el saber del mundo antiguo, hasta la más modesta que funcione en el pueblo más pequeño, han sido siempre focos de cultura, lugares mágicos para atraer a los hombres al camino de la sabiduría y el mejor medio para enseñar a los pequeños lectores el mundo de sugerencias que es un libro abierto.
El tener que escribir este pregón para el Día de la Biblioteca me ha hecho investigar en el origen. De mi amor por ellas para comunicarlo a los demás, pues no todos hemos llegado a ese enamoramiento por el mismo camino.
Yo disfruté con la lectura desde que aprendí a leer. Es cierto que mi madre había abonado al terreno bastante bien llenándome los días y las noches con cuentos, romances, leyendas, fábulas, historias de la zorra y el lobo... así que el paso de la Literatura Oral a la Literatura escrita fue muy fácil. Inicié mi propia biblioteca con cuentos de la editorial Losada de Buenos Aires. Valían 1 peseta cada ejemplar (hablo de comienzos de los años 50) y, aparate de los que me compraban, yo invertía en ellos cada peseta que caía en mis manos, desdeñando las chocolatinas de Nestlé que costaban lo mismo y también me encantaban. Así vinieron a mi habitación Caperucita, Pulgarcito, Barba Azul, Piel de Asno, La Sirenita, La Bella Durmiente, El soldadido de plomo y muchos otros. Más adelante llegaron Celia, Antoñita la fantástica y El Principito y después Bécquer con sus Rimas y Leyendas y tras él, los libros que había en casa, no muchos, la verdad, pero mis padres leían y tuve a mi alcance novelas históricas como El Señor de Bembibre o Ivanhoe, las de Zane Grey, algunas de Blasco Ibáñez y una Historia de España en varios tomos de color verde que me encantaba. Y así hasta hoy, acumulando libros hasta el punto de que mi casa es más bien una biblioteca en un 9° piso y las estanterías cargadas con ellos están hasta en la cocina.
¿Por qué? Porque me atraían todas las bibliotecas: la de mi colegio, la de mi barrio, la Nacional... Disfrutaba con los libros que consultaba o que leía y todo ese goce, todo ese conocimiento lo quería tener siempre a mi alcance, sin horarios ni condiciones. Aún hoy, las bibliotecas que visito como lectora o como autora, pequeñas o grandes, siguen siendo algo mágico para mí, como cuando era pequeña.
Y es que realmente la lectura es algo mágico... Es mágico leer por gusto, porque sí, porque las palabras con que se urden las historias te reclaman. Porque un libro es el único lugar donde las cosas suceden por alguna razón, donde tienen sentido y porque no hay nada mejor que disfrutar esas horas escapadas de los relojes en las que todo es posible entre sus páginas.
Hasta las personas más imaginativas tenemos la vida reducida, anclada a nuestra propia realidad. Los libros nos hacen vivir lo que nunca viviremos. Llevar en la mano un par de libros, como el ratón de nuestra ilustración, nos hace vivir otra existencia fuera del tiempo y del espacio en que nos ha tocado estar.
Por eso, una biblioteca con miles de ejemplares, nos hace vivir miles de vidas, participar en miles de situaciones, viajar por miles de países y sobre todo, nos da la posibilidad de gozar miles de horas teniendo delante sólo un horizonte de papel que nos descubre otros mundos con la magia de la palabra escrita permitiéndonos ser más felices.
Dijo Steinbeck una vez, una frase que no me gusta nada: "Por el grosor del polvo en los lomos de los libros de una biblioteca pública, puede medirse, la cultura de un pueblo". Tal vez el novelista estadounidense lo dijera con cinismo. O con razón; no lo sé. Pero yo prefiero creer que nuestras bibliotecas soportan perfectamente la prueba del algodón porque no dejamos que el polvo se amontone en sus ejemplares, porque son, centros vivos de encuentro con los libros amigos, lugares maravillosos donde se anima a leer, a descubir, a compartir las mágicas ofertas que tenemos esperándonos en los anaqueles.

Que así sea por siempre."


2001


Cartel: Alberto Urdiales


Pregón: Josefina Adecoa




2000


CartelÁngel Esteban 


Pregón: Antonio Martínez Menchén




1999


Cartel: Emilio Urberuaga


Pregón: Aurora Díaz Plaja



1998

CartelAlfonso Ruano 
(cedido por ediciones SM)





1997

CartelAlberto Urdiales
(cedido por ediciones SM)



Pregón: Luis Alberto de Cuenca



1997


CartelMargarita Menéndez
(cedido por ediciones SM)


Pregón: Luis Alberto de Cuenca





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